El drama de un viaje llamado existencia

Recuperando el concepto de drama de Eugenio Trías

Esta semana se cumplieron dos años del fallecimiento del filósofo español Eugenio Trías. Recordarle es revivir el compromiso con la reflexión, con el trabajo de la inteligencia que invita a la danza de los conceptos para ponerles de nuevo en juego. Cada uno de sus libros es una auténtica invitación a la aventura filosófica, al viaje homérico que se enfrenta al drama del retorno al hogar que, después de tanto tiempo, habremos de volver a reconocer como tal. La aventura, en efecto, tiene en nosotros efectos insospechados. Lo que era al momento de partir tendrá que ser reconfigurado con el retorno.

La vida mediterránea tiene una historia marcada por el viaje. Las aguas de este mar han sido testigo de miles de travesías que han dejado huella en la historia de la humanidad. Descubrimiento, encuentro, comercio, conquista, intercambio cultural o lo inesperado que llega con el simple deleite del viaje. Levar anclas es abrir los brazos al azul profundo de lo desconocido. - tuitéalo     Aunque difícilmente emprendemos un viaje sin la intención del retorno. Incluso cuando la aventura es indefinida, las corrientes de la vida parecen empeñarse en ponernos de vuelta en el punto de partida. Inicio y final de trayecto son, entonces, dos puntos que bien pueden coincidir, aunque para el viajero no serán ya iguales.

Las características del drama

La palabra misma nos da una indicación muy sencilla: el drama es, en principio, una acción. Ponerse en marcha, pasar al acto, abandonar la inmovilidad. Cuando se da el primer paso se ha dado inicio al viaje que, como se ve, es ya un drama en tanto que acción emprendida. Ahora bien, ¿qué características tiene este tipo de viaje o puesta en acción? De acuerdo a Eugenio Trías la palabra drama nos evoca también un conflicto de fuerzas que se oponen. “En el drama, ese conflicto entre fuerzas antagónicas, interiores o exteriores, termina siempre resolviéndose“. Podemos entender, entonces, que el inicio del movimiento se enmarca en el contexto de una relación conflictiva de potencias. Aunque, al final, encontraremos una resolución.

El drama es una acción empujada por el conflicto, pero que encuentra una resolución. - tuitéalo    

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El hecho mismo de que exista una posibilidad de resolver el conflicto nos habla de que el viaje dramático tiene un fin, es decir, se encuentra teleológicamente determinado u orientado. Esta misma idea nos permite comprender ya de mejor manera la razón por la cual el punto de partida y el de llegada suponen siempre una variación. El movimiento, la acción, inicia por ese pinchazo del conflicto de fuerzas. La finalización, por su parte, está en la resolución, en la respuesta que diluye el problema inicial. La vuelta al lugar de origen, por tanto, supone la posibilidad de ver lo mismo de una manera diferente, de recomponer el punto de partida a partir de la experiencia del conflicto resuelto.

La estructura formal del drama

Punto de inicio o de partida, conflicto entre fuerzas antagónicas, trayecto y resolución. En estos elementos podemos encontrar ya la estructura formal de un drama. Planteamiento, nudo y desenlace, puntos orientantivos en la brújula de la narración. - tuitéalo     No obstante, hay aquí un supuesto, un elemento que subyace y se esconde hábilmente. Estos tres elementos suponen la presencia de ese fin, es decir, de una orientación particular que hace las veces de centro en torno al cual se desarrolla la acción. El télos es parte esencial de la estructura del drama: lo que se plantea, lo que se anuda para terminar por resolverse, tiene un sentido determinado por este punto central de la cuestión puesta en juego.

En el drama ha siempre aventura y extravío, hay viaje. Pero hay siempre retorno al hogar, vuelta al punto de partida. Hay pérdida del centro de gravedad, pero hay recuperación de dicho centro. No hay, en este sentido, drama sin cadencia. Pertenece a la lógica del drama el inexorable abocamiento a la cadencia. Eugenio Trías, Drama e identidad

El choque de fuerzas genera una desorientación. El centro de gravedad gira provocando un vértigo tremendo que pone de cabeza todas las certezas. El punto de referencia central, entonces, ejerce su influencia tanto en la forma de la presencia como en la de la ausencia. Cuando está ahí el desarrollo, el trayecto, tiene un sentido claro y determinado para todos. Pero su ausencia, su súbita desaparición, desata la acción de búsqueda, la aventura que quiere el reencuentro y la recuperación de ese sentido. La resolución, por tanto, esta en el reconocimiento del centro perdido. Volver a conocer, encontrar de nuevo lo que daba sentido a un trayecto que, quizá, se recorría hasta ese momento de manera inconsciente.

El drama que despierta la pasión de la existencia

La búsqueda, como seguramente podrá intuirse, no es una operación fría y meramente analítica. Perder el centro de gravedad implica despertar también la fuerza de Eros. En efecto, el Eros dramático se alza para buscar el retorno, la culminación del viaje que es, de nuevo, la recuperación, el reconocimiento del centro perdido en el punto de partida. El viaje dramático es uno que nos lleva de vuelta al puerto de la interioridad para al fin reconocernos. Perder las referencias implica el extravío. Volver al curso del viaje, recomponer el trayecto, significa una apasionada aventura por el reconocimiento que, la mayoría de las veces, supone una variación que opera dentro de uno mismo.

El hombre puede asombrarse de sí mismo ante sí mismo. Por esta vía puede llegar a amarse. O puede, en general, llegar a amar. Eugenio Trías, Drama e identidad

La posibilidad de perder el centro es algo inherente al existir. Vivir, ponerse en acto, emprender la aventura dramática es abrirse al asombro. El hombre es el animal capaz de enloquecer de asombro, nos dice Trías. - tuitéalo     Pero esa posibilidad sólo se concreta en el viaje, en el abrazar una condición dramática de constante extravío y apasionada búsqueda del centro que da sentido al trayecto. El viaje de la existencia es poner en acto esta búsqueda. Apostar al tiempo nuestros signos de identidad para perderlos. Al final del trayecto reclamaremos lo que era realmente nuestro, aquellas cosas que seamos capaces de reconocer como propias. El resto será parte del relato de una divertida aventura.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

5 comentarios

  1. Bolboreta Papallona   •  

    Tremendo…

    • Carlos Girón   •  

      El viaje es tremendo me querida mariposa. Pero no todos tenemos la suerte de tener esas bellas alas para contemplar todo desde las alturas. Vaya historias las que debes tener guardadas. ¡Abrazo lepidóptero!

  2. #Jerby   •  

    El conflicto no tienes por qué resolverse siempre… A veces, se transforma…

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón. En el contexto del drama el conflicto se resuelve. Si esto no sucede entonces podemos tener otra cosa. Eugenio habla de tragedia, pero bien podemos encontrar otras opciones. Claro que siempre cabe una pregunta: ¿la transformación no es una forma de resolución? ¡Abrazo roedor!

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