Un diálogo imposible de aforismo a aforismo

Un diálogo imposible entre aforismos

La etimología de la palabra aforismo nos dice que se trata de una definición. No obstante, quizá la imagen que podemos tener de los aforismos es muy distinta a la de una definición. Decir que el aforismo define puede provocar una movimiento incómodo en la silla al recordar algunos de los autores que han empleado esta forma literaria para expresar sus pensamientos. Nietzsche, sin ir más lejos, sería el ejemplo de ese pensamiento intempestivo que se vierte sobre la hoja de papel sin que quede precisamente claro que lo que ejecuta es un proceso de definición. La forma aforística parece ser más un ejercicio de libertad del pensamiento que lanza un dardo y luego guarda silencio.

Declaración, oración o sentencia, los aforismos tiene la virtud de que nos arrastran hacia el silencio. Arrancan con una velocidad de vértigo y nos arrojan al abismo que está más allá del punto y aparte. No es posible leer aforismos de manera continuada. Cada uno requiere de su tiempo: son un alimento de esos que se deben masticar con mucha calma. El diccionario, no obstante, nos dice que el aforismo es una “máxima o sentencia que se propone como pauta en alguna ciencia o arte”. Pero nada mejor que dejar hablar a la cosa misma para entrar en sus laberintos y delinear mejor sus alcances. Pero, ¿cómo darle la palabra al aforismo?

El aforismo es un alimento que debe masticarse con cuidado y atención. - tuitéalo    

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Se me ocurre que se les puede poner a dialogar. Podemos abrir tres libros de aforismos al azar y dejar que surja de ellos un diálogo. Quizá así sea posible descubrir su fuerza y nos acerquemos más a los secretos de su forma. Tomo pues aforismos de Lichtenberg, los aerolitos de Carlos Edmundo de Ory y, cómo no, el ejercicio aforístico de Eugenio Trías. El primero es un científico y escritor alemán que nos legó una fantástica colección de escritos breves donde hacía gala de sus agudo ingenio y fina ironía. El segundo fue un gran poeta nacido en Cádiz y lamentablemente  fallecido en el 2010 a causa de una leucemia. El tercero, también recientemente fallecido, es uno de los más importantes filósofos en Europa de los últimos años y, justo es que lo diga, mi mentor en la camino del pensamiento. Pero les dejo la palabra a ellos para que armen con las ráfagas del lenguaje un diálogo en aforismos.

Así comienza el diálogo imposible: desde el aforismo

Señor Lictenberg, le veo bastante inquieto. Creo que las palabras están ya esperando en su garganta y saldrán volando a la menor provocación.

El único defecto de los escritores realmente buenos es que casi siempre ocasionan que haya muchos malos o regulares. Lichtenberg

No se ría señor Carlos Edmundo, mire que puede que nuestro querido protestante y ateo se nos ofenda. Mejor díganos algo con su acostumbrado estilo, dé un poco de luz a esta estancia con sus aerolitos. Estoy seguro de que algo podrá contestar a esas palabras. Palabras sobre palabras, ¡ay! ¿A dónde iremos a parar?

La fonética no se aprende en los libros, sino en el ruido del mundo sobre tu corazón. Carlos Edmundo de Ory - tuitéalo    

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Ya veo que está usted de acuerdo Don Eugenio. Me alegra verle esa sonrisa en la mirada. Aunque también veo en ella la espada lista para arremeter contra algo que no le ha gustado del todo. ¿Me equivoco?

El ateo es solidario de esa divinidad que niega, que revela por la “materia” o por el “hombre”. El problema no se resuelve negando… Hay que aprender a multiplicar… Eugenio Trías

Ya veo que usted no se anda por las ramas. Ha ido directo al corazón de su oponente. Supongo que eso significa que debo dar cabida a una réplica del maestro de la ironía. Pero por favor, recordemos que el diálogo debe orientarnos sobre lo que puede ser realmente un aforismo…

No se trata de odio a los vicios sino de miedo a los grilletes o, dicho de otro modo, ¿quién puede distinguir en cada caso la virtud del miedo a los grilletes? Lichtenberg

Me ha dejado usted sin palabras. En una sola sentencia ha dado respuesta y ha invitado al silencio a pasar, es decir, nos deja frente a la auténtica experiencia del aforismo que suspende la rueda del pensamiento gritando: ¡Eh! ¡Aquí hay un engrane al que deberías poner atención! No todo es girar y girar sin más.

Ha llegado la hora de vivir al borde del abismo. Carlos Edmundo de Ory

Palabras de poeta sin duda alguna, pero de nuevo reflejo de esa experiencia de la escritura que se detiene en seco ante la pérdida del suelo. Se abre ahí el abismo y nos recorre de los pies a la cabeza el escalofrío vital ante lo inminente. No me atrevo a nombrarlo, sé que está ahí, pero no me atrevo a nombrarlo.

Se afirma, se asegura, se teme “la muerte del hombre”. Eugenio Trías - tuitéalo    

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¡Claro! La muerte, no podía ser de otra manera. Esa compañera constante del hombre… pero, ¿de qué hombre nos habla Don Eugenio? ¿Quién es el que muere? ¿Se le teme a la muerte de un concepto o esto no es sino el reflejo de un temor más propio e íntimo?

El hombre es la tinta simpática del ser. Carlos Edmundo de Ory

Ya veo que ahora se disponen a lanzar sus dardos hacía acá. Qué pronto se olvidan los escritores de sus disputas y comienzan a enredar el lenguaje contra quien pierde un momento el piso. Pero no he de caer. Venga, que nuestro amable auditorio espera respuestas y ya veo venir el final de esta página.

No te haré sombra, animalito (era una araña). El Sol te pertenece tanto como a mí. Lichtenberg. - tuitéalo    

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Le agradezco la deferencia Don Georg y secundo su idea de esta comunidad planetaria donde nadie tiene derecho a ejercer un reinado. Bueno, salvo que sea producto de ese potente imaginario humano que gusta de pintar el mundo a su gusto y pensar que es así como estaba destinado. Ahora me descubro cayendo de nuevo en esta trampa: tomo los libros y abro las páginas al azar esperando descubrir el diálogo que ya estaba ahí. Esta es la última oportunidad queridos míos. Tienen la palabra uno a uno, sé muy bien que harán buen uso de ella.

Sin previo silencio las palabras no suenan. Carlos Edmundo de Ory

En defensa del chiste. En tiempos más fáciles que el nuestro los filósofos pudieron preguntarle al cielo por qué había creado el mal, algo tan desagradable. Es de esperarse que nuestra solemne década pronto le pregunte por qué permitió que existieran las mariposas de colores y los arcoíris, que evidentemente sólo sirven para que se alegren las muchachas y los niños callejeros o para que un físico ocioso se extravíe en su contemplación. Lichtenberg

Escuchar es saborear los signos o acogerlos en el tímpano… Eugenio Trías - tuitéalo    

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Nos despedimos entonces esperando haber arrojado una imagen de la potencia del aforismo. ¿Es posible un diálogo así? La respuesta está del otro lado de la pantalla, contigo. Ahí, en ese espacio donde el aforismo termina y el discurso se dispone a desarrollarse. Al final quizá los aforismos no sean sino dardos envenenados de lenguaje que provocan una primera reacción de silencio y después una marea de palabras. Escucha. Ya anuncia el caracol su llegada.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    Hoy a los aforismos, les llamarían tuits.

    • Carlos Girón   •  

      ¡Mi querido ratón! Sí, eso pensaba hace unos meses. Hoy diría que no todo tuit puede ser un aforismo o quizá habría que pensar en uno de esos nuevos términos que te gustan tanto para comenzar a pensar un nuevo género. ¿Cómo lo ves? ¡Abrazo roedor!

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