Cuerpo en expansión o de la danza como condición

Cuerpo en expansión o sobre la danza como condición humana

Propongamos una definición, un punto de partida que de manera clara y directa enuncie la idea que nos ocupará de momento: el cuerpo, nuestro cuerpo, es materia en movimiento. Demasiado sencillo, demasiado simple y general. No hay en ese enunciado nada que permita distinguir la especificidad de lo humano más allá de la cláusula con la que se indica que se habla de este cuerpo que es nuestro. Con algo tan sencillo como esto se abren ante nosotros al menos dos posibilidades para seguir pensando en un cuerpo en expansión que, de alguna manera, pasa de ser éste que ahora escribe a un cuerpo que es nuestro cuerpo.

Al decir que nuestro cuerpo es materia en movimiento, y que hablo de este que es mi cuerpo, establezco en la oración una distancia entre sujeto y objeto que no existe en la realidad, es decir, no puedo hablar de mi cuerpo sin ser al mismo tiempo mi cuerpo. Una ficción que tenemos tan integrada que nuestra interacción con el mundo se da casi siempre asumiendo que lo hacemos desde esa cabina de mando del sujeto que no es sino la sede de facultades como la voluntad, la imaginación y la inteligencia. Capacidad de querer, capacidad de pensar, capacidad de ensoñación activa que hacen de este cuerpo uno que quiere, imagina y es inteligente de la primera a la última célula. Ajuste en la lectura de nuestra premisa: no puedo hablar de mi cuerpo porque soy un sujeto externo y ajeno a él, sino porque mi cuerpo, que soy yo mismo, tiene la facultad de hablar de sí.

Cuerpo en expansión: la dinámica de la materia

Somos demasiado sensibles ante la ausencia de una especificidad, de un rasgo diferencial que nos haga únicos y especiales. Satisfacer esa necesidad nos lleva a seguir estableciendo distancias con la definición general que aquí proponemos. Un asidero para la fragilidad humana está en el concepto de dinámica, es decir, en la idea de que esta materia que somos se distingue porque su dinámica emana de ella. Todo movimiento de nuestra masa tiene su origen en una orden del sistema nervioso que desata el mecanismo de la contracción muscular. La fuerza y la potencia que son capaces de mover esta materia que somos están dentro de ella misma, en un mecanismo que, además, puede utilizar según su voluntad.

La dinámica del cuerpo es una fuerza que no se entiende sin el cuerpo. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Sí, de nuevo caemos en las mentadas facultades humanas y, por tanto, en la necesidad de cuestionar la perspectiva que las separa del cuerpo. La voluntad no está en esa cabina de seguridad del sujeto, no es un elemento exclusivo del espíritu. - tuitéalo     El místico y filósofo musulmán Ibn Arabi lo expresaba de la siguiente manera: “El amante divino es espíritu sin cuerpo; el amante físico puro y simple es un cuerpo sin espíritu; el amante espiritual (es decir, el amante místico) posee espíritu y cuerpo”. El misterio de la trinidad no está tan lejos de cada uno de nosotros si nos gusta pensar en una división cuerpo-espíritu, cuerpo-alma o equivalentes. Somos una unidad que es al mismo tiempo un compuesto de una pareja fundamental. La materia que somos se pone en movimiento, encuentra su dinámica, gracias a esta duplicidad que constituye su unidad. Incluso ahí donde quiere perpetuarse la distancia y la preciada singularidad se impone la necesidad de admitir y permitir que el elemento de humildad, de pertenencia a la tierra, se haga presente.

La voz de la seducción

Me permito seguir aquí una reflexión de mi maestro Fernando Pérez-Borbujo a propósito de la figura del Don Juan. Este personaje, dice Pérez-Borbujo, encuentra sus mejores expresiones cuando se encuentra cerca de la música. Lo suyo es la seducción a través de la palabra porque lo que le interesa no es tanto la posesión carnal como la conquista completa del espíritu. Lo que no deja de ser interesante es que cuando el seductor consigue esta victoria neumática el cuerpo parece ponerse en inevitable movimiento hacia la rendición. No por nada esa última escena de la magnífica (y peculiar) interpretación del mito que nos regala Ingmar Bergman en su película de 1960 El ojo del diablo: los esposos miran a la Luna, pero el corazón de ella no está precisamente en esa habitación.

El seductor quiere la conquista del espíritu antes que la del cuerpo. - tuitéalo    

Powered by Vcgs-Toolbox

Interesante, por otro lado, que la voluntad del seductor, su fuerza interna, logre ser de tal magnitud que ejerza sobre otros cuerpos una acción de atracción. Ese preciado elemento interno, ese poder que nace del interior del cuerpo mismo, entonces, no se contenta con mover la masa que le corresponde, sino que busca ser un cuerpo en expansión poniendo en su órbita otros tantos cuerpos. La voz, música de viento, es suficiente para conseguir la rendición del otro. - tuitéalo     Pero, ¿no será que esta tendencia a seguir los cantos de sirenas tiene más que ver con que nuestro cuerpo tiene tatuado hasta la médula la voluntad de expansión porque no entiende de singularidad alguna? Pensar en este sentido implica dar bastante crédito a quien pone en nuestra vida prenatal un foco importante.

La danza con los otros

El lento despertar de nuestra sensibilidad, la forja de esa cabina del sujeto de la que tanto nos ufanamos, se da en un contexto de cuerpo sobre cuerpo. Es la música de la voz materna, con la compañía de la orquesta de sus órganos, la que marca los primeros compases de una vida que se prepara para el nacimiento. Cuando digo que llevamos tatuada hasta la médula la necesidad de expansión no es sino una forma de referirme a los mitos que, como el de los andróginos en el Banquete de Platón, hablan de la búsqueda de plenitud como la marca de nacimiento de nuestra especie. Una desesperada empresa por retornar a la unión que no es sino expansión de un cuerpo ahora dividido. El ombligo, en efecto, es nuestra peculiar marca que nos recuerda siempre la naturaleza de nuestro origen, de ese momento en que mi cuerpo era nuestro cuerpo.

¿Dónde encontramos la recreación de esta experiencia de íntima comunión? De acuerdo al historiador William H. McNeill la danza es uno de esos elementos que nos muestran la experiencia donde mi cuerpo pasa a ser nuestro cuerpo. Dice el nacido en Vancouver:

Se me ha ocurrido que el estímulo rítmico de los músculos y la voz, después de haberse propagado gradualmente por todo el sistema nervioso, puede provocar ecos  de la condición fetal donde un mayor y quizá principal estímulo para un cerebro en desarrollo eran los latidos de la madre.

La danza con los otros sería, entonces, una manera de reproducir ese estadio de conciencia donde, precisamente, no hay distinción entre el yo y el entorno. Una manera de abrir la experiencia del cuerpo en expansión que se sabe y asume como materia en movimiento junto con el resto de materias en movimiento. El cuerpo busca ser nuestro cuerpo y es él el sujeto que escucha, que se mueve en el espacio hasta que es él mismo espacio sabiéndose acompañado por otros latidos en los que escucha la memoria de su ancestral condición.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

  1. #Jerby   •  

    El cuerpo se expande en forma de comunicación no verbal.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querido ratón, sin duda, como hemos dicho por aquí en otra oportunidad, el cuerpo tiene una dimensión erótica donde lo verbal queda muy superado. La danza, de hecho, es también una disciplina que transita en esta dirección. Así que a buscar la expansión bailando por la vida. ¡Abrazo roedor!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.