Crónicas futbosóficas: entre los libros y el fútbol

Rueda el balón y se describen las posibilidades de hablar de él

No sé si lo has notado, pero los miércoles suelo dedicar este espacio a la filosofía. Hoy no será la excepción, pero lo haré de una manera distinta y, espero, un poco más cercana. Me subo al coche mundialista no porque sea un tema casi obligado o de moda, sino por una razón bien distinta que me sirve para arrancar estas crónicas. Resulta que mi madre, que es fiel lectora de este espacio (como buena madre que es: ¡hola mamá!) - tuitéalo    , me decía hace unos días que se había encontrado con un comentario que decía que las ciencias sociales no se ocupaban del fútbol. Con algo de indignación me dijo: ¡Ándale! Escribe en tu blog para que le demuestres que no es cierto.

Lo primero que le dije fue que ya había otros que se encargaban de esa tarea. Uno de ellos es Juan Villoro que, por cierto, me tiene muy entretenido con su nuevo libro del que espero poder hablarte pronto. Pero vamos, que lo que ella quiere es que me ponga a escribir para poder decir: ¡Ese es mi hijo! Ahora ya lo puede hacer y yo puedo comenzar a contarte un poco la perspectiva que puede tener un eterno estudiante de filosofía con respecto al famoso torneo mundial de fútbol. Lo primero que habría que decir es que el ejercicio de una profesión etiquetada como de intelectuales no tiene nada implica que uno abandone las aficiones y, sobre todo, las pasiones humanas.

De hecho, un punto de partida que justifica el acercamiento filosófico a una actividad tremendamente mundana está en una sencilla frase que extraigo de mi mentor, Eugenio Trías:

Toda filosofía que se precie es siempre filosofía de la experiencia. Eugenio Trías - tuitéalo    

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Así, no hay porque menospreciar unas experiencias en favor de otras. Los juegos de pelota generan vivencias que bien pueden dar pie a reflexiones. Tienen su lógica y  su semántica, además de ser muy buen sitio para encontrarse con el rostro de lo humano en su pura expresión de emotividad. Algo así como lo humano en sí late en el corazón de un estadio de fútbol. Los gritos, la identificación con los colores, el intercambio de opiniones más o menos razonables, la formulación de infinitas posibilidades y alternativas para los planteamientos tácticos sobre el campo… Es una auténtica delicia.

Aunque eso no significa que se deje de lado el rostro oscuro de un deporte convertido en negocio y tapadera de una aberrante desigualdad social. Lo importante, me parece, es reconocer que los dos lados existen y que la pasión que genera entre los aficionados no anula la problemática social, como tampoco ésta última es una razón contundente que lleve a prohibirle al público el disfrute de  un espectáculo. En otras palabras, no hay nada de inmoral en ver al representativo de tu país. Son partidos que se juegan en canchas distintas por más relacionados que estén entre sí.

Panem et circenses

Se puede comenzar admitiendo sin mayor problema que hay mucho de pan y circo en un evento de estas características. Entretenimiento para una sociedad descontenta, pobre alimento para un hambre de verdad, de la auténtica. Señalar los errores de un gobierno es una tarea marcada por la responsabilidad ciudadana, pero esta misma marca implica que al ciudadano no se le puede imponer su realización. Es tarea del ciudadano expresar sus opiniones, demandar atención a los problemas del país y mantener una actitud activa ante las acciones de su gobierno. Pero ya sabrá cada ciudadano o ciudadana cómo gestiona su tiempo. Incluso, y aunque duela, la libertad que reclama quien alza la voz en contra de las injusticias incluye la posibilidad de que los ciudadanos den la espalda a estas tareas y prefieran estar frente al televisor o en el estadio.

La libertad que se reclama incluye la posibilidad de aplazar las tareas ciudadanas. - tuitéalo    

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Más vale entonces ponerse todos en un horizonte de diálogo, encontrar maneras originales y pacíficas de protestar y señalar lo que se piensa que está mal sin necesidad de caer en el discurso que divide entre los idiotas y los intelectuales. Ya sé que suena muy mal decirlo así, pero si me das un segundo te lo explico. Fernando Savater, filósofo español, rescata en Política para amador el sentido original de la palabra idiota. En un rastreo etimológico vemos que idiōtēs designaba para los griegos a aquel que no se involucraba en los asuntos públicos. La versión latina matizó la idea agregando dos sentidos: el de persona sin educación y, por tanto, ignorante. Trayendo estas nociones al tema que nos traemos entre manos podemos decir: el aficionado al fútbol tiene el derecho y la libertad de ser un idiota durante noventa minutos. - tuitéalo     Queriendo decir con esto que tiene el derecho y la libertad de desinteresarse de los asuntos públicos mientras dure el partido (y más allá, claro).

Divisiones menores

El último punto que quiero tocar en este arranque de partido donde los equipos se van acomodando sobre la cancha, es el de la división antes mencionada. Buscando un poco de coherencia en los planteamientos, quien acusa a los aficionados al fútbol de algo así como esclavos de lo banal, tendría que revisar un poco los puntos de partida. Cuando se establece una división y se ponen las cosas propias del intelecto de un lado y las del ocio y la recreación del otro no se puede asumir que una de las cajas es mejor que otra. Introducir juicios de valor en un caso así es ponerse a las puertas de una falacia naturalista - tuitéalo    , es decir, el querer atribuirle una propiedad moral a las cosas a partir de sus propiedades naturales.

Divertirse es bueno y ver partidos de fútbol me divierte. ¿Hace falta sacar la conclusión? Ignorar los problemas de la sociedad es malo, el mundial de fútbol te hace ignorar esos problemas. Como ves la cosa funciona en los dos sentidos y es que el problema está en la atribución arbitraria de valores morales a este tipo de cosas. Si se asume una perspectiva un poco más tranquila y nos abrimos a la posibilidad del encuentro, podríamos decir que es deseable atender las necesidades políticas y sociales del país sin que esto vaya en detrimento de momentos de esparcimiento como puede ser disfrutar del fútbol. Un mes de espectáculo puede compaginarse con el reclamo social.

La atribución arbitraria de valores morales a las cosas lleva a caer en posiciones falaces. - tuitéalo    

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Vale lo mismo para quien opera con total naturalidad una división entre actividades valiosas y aquellas propias de gente ignorante. La atribución de estas características es por demás simplona y carente de un auténtico sustento. Quienes estudiamos filosofía no somos por eso intelectuales de esos que parecen estar obligados a encerrarse en las bibliotecas para hablar solamente de la amplia tradición histórica que nos precede y de los productos culturales de la humanidad. Así como tampoco le están cerradas las puertas de la cultura (entendida como el conjunto de saberes de carácter intelectual y artístico) a quien dedica su vida al deporte por más comercializada que esté. La división es completamente artificial y responde más a prejuicios que a una actitud verdaderamente crítica (como se esperaría de esos a los que se les llama intelectuales).

Rueda el balón

Para finalizar asumo una posición de manera clara: soy estudiante de filosofía y me gusta el fútbol. Me declaro partidario de la selección de filósofos de habla hispana encabezada por figuras como Eugenio Trías, María Zambrano, Unamuno y Ortega y Gasset, tanto como de un selecto grupo de alemanes encabezados por Heidegger, Herder, Nietzsche y Schopenhauer. Al mismo tiempo soy fanático de Monarcas Morelia, el equipo de mi ciudad, y desde hace tiempo que me identifico con el Barcelona independientemente de sus malas y buenas rachas. Disfruto de ambas cosas porque son dimensiones distintas de una humanidad que se distingue por el amplio abanico de posibilidades.

El balón rueda y pasa del fútbol a la política: dos posibilidades de lo humano. - tuitéalo    

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Justo ahora está por iniciar el partido entre México y Brasil. Así que dejo ya estas líneas para disfrutar del juego. Sin duda que al mismo tiempo me podré enterar vía Twitter de las protestas y después, como sucedió en el partido inaugural, podré comentar con la gente la posibilidad de que las ayudas arbitrales a la selección brasileña tengan que ver con que Dilma necesita el campeonato para apaciguar las críticas. No, no justifico una derrota por anticipado. Digo que se puede disfrutar del partido y de un momento de esparcimiento al mismo tiempo que el discurso político se pone en juego. El balón rueda pasando de una cancha a la otra y hay que saber cómo atacar y cómo defender siempre adaptándose a las condiciones del terreno de juego. Bienvenida la crítica social y bienvenido el fútbol.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

6 comentarios

  1. Bolboreta Papallona   •  

    Querido Carlos, tus reflexiones me llevan a pensar en los colores: uno puede disfrutar de los colores en todas sus gamas y tonalidades, y cada uno de ellos tiene su aplicación en un momento dado. ¿Se pueden emitir juicios de valor sobre los colores? Sigue habiendo prejuicios sobre el uso de los colores, sin embargo.

    • Carlos Girón   •  

      Mi querida mariposa. Para responder a esta pregunta habría que volar de la flor platónica a la kantiana. Por un lado el griego nos invita a ir de una bella forma a la belleza de las formas, para llegar a la belleza en sí donde también se encuentran la verdad y la bondad. El ideal platónico es una esfera donde conviven verdad-bondad-belleza, pero esto requiere de trabajo. Así que, para decirlo en término kantianos, mientras estamos en este mundo y hablamos de fenómenos a las cosas de la estética les corresponde el juicio de gusto. Aunque cuando el alemán se pone a pensarlo da con nociones como la de lo sublime que sobrepasa por su grandeza. Así que ya ves que no se necesitan los juicios de valor para que los colores te lleven a un horizonte idílico y sublime. ¡Abrazo lepidóptero!

      • Bolboreta Papallona   •  

        Carlos, realmente eres un aprendiz de brujo. Cómo me alegra compartir contigo algunos tramos del camino.

        • Carlos Girón   •  

          ¡Imagínate como estoy yo que puedo dialogar con una mariposa! Espero que esos tramos se prolonguen tanto como el horizonte. ¡Gracias por pasar por esta humilde flor en el jardín de un aprendiz!

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