“Contacto”, la relatividad de las propias fronteras

Gran obra del divulgador y científico Sagan

A nadie le está prohibido tener anhelos o sueños. Claro que algunos resultan más o menos inconfesables dependiendo del ámbito en el que se manejen. Al científico, por ejemplo, no parece que le vaya muy bien el hablar de la posibilidad de una vida extraterrestre y, peor aún, gastar fuerzas y dinero en demostrar que así es. Una idea que parece corresponder más al ámbito de la ficción no es fácilmente bienvenida en la comunidad científica que a veces (más de las que aceptarían) peca de una rigidez comandada por el imperativo de la prueba empírica. Ver para creer, en su formulación más básica y directa.

No obstante, el descubrimiento de una vida inteligente más allá de este planeta representa el anhelo sin duda compartido por un gran número de miembros de la “especie dominante” de la Tierra. Conseguir la evidencia irrefutable sería un hallazgo de proporciones titánicas, algo que sacudiría conciencias y la base entera de nuestras concepciones. De ahí que, ficción o no, hablamos de un asunto que no es menor. Quizá sea por esto, o por escapar del ámbito de rigor científico, que Carl Sagan, el gran divulgador de la ciencia, optó por explorar el tema en una novela publicada en 1985 y llevada al cine en 1997: Contacto. Hay notables diferencias entre uno y otro, sobre todo, quiero pensar, porque la adaptación a la pantalla grande se hizo en un contexto muy distinto al de la escritura de la novela. Pero vamos a centrarnos de momento en la película.

El descubrimiento de vida en otros planetas es un tema de ficción pero realmente importante. - tuitéalo    

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La doctora Eleanor Arroway (Jodie Foster) dedica su vida a escuchar el espacio. Dirige las antenas más potentes para atender a las ondas de radio que llegan hasta nosotros. Una actividad que tiene su núcleo emotivo en la conmovedora historia de su infancia. Huérfana desde muy pronto lleva en el corazón la esperanza de hablar con los que se han ido. Aunque también la fuerte experiencia de la pérdida le lleva a desarrollar una coraza de hielo que le aleja del contacto humano. La frialdad de un escéptico que no cree en nada que no sea evidente, que aplica el principio de la navaja de Ockham para quedarse con la explicación más sencilla. De cualquier manera sigue una voz paternal que le dice al oído que estar solos en el Universo es un gran desperdicio de espacio. Argumento simple, convincente, pero con más fe que evidencia como punto de apoyo.

La llegada de una señal peculiar salva su proyecto del inminente cierre a pesar de los aportes de un extraño mecenas. Pronto se descubre que lo que hay detrás del mensaje es un plano para la construcción de una máquina que, se presume, transportará a una persona hasta el planeta nativo de los emisores. Tras superar los escollos que incluyen a grupos de fanáticos que buscan detener el lanzamiento, Ellie logra el viaje que define su vida, aquel al que  ha dedicado todas sus fuerzas: la formación científica y el conjunto de emociones generadas a partir de la pérdida de su padre. Auténtico punto de quiebre en el que todo el sentido de la existencia –de su propia existencia– se pone en juego, se ve cara a cara con eso que le ha impulsado desde el principio por lo que o bien se descubre la firmeza de los fundamentos o todo se desmorona en un instante.

Toda la existencia se pone en juego ante un viaje. Una imágen poética de “Contacto”. - tuitéalo    

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Un instante, es justo eso lo que tarda la cápsula en atravesar la maquinaria construida. Pero la relatividad entra en juego y Ellie experimenta un viaje de cerca de 18 horas de las que no hay registro. Acontece entonces el momento clave de Contacto: la científica, la escéptica que buscó incansablemente la evidencia empírica para su íntimo anhelo de encontrar vida en otro rincón del Universo, se ve enfrentada a un comité al que debe pedirle que crea en su palabras que, de hecho, contradicen la evidencia. La actuación de Jodie Foster es espectacular. Una energía contenida y unas lágrimas que se derraman por la impotencia. Tiene la experiencia en la mano, pero debe recurrir a la fe, apelar a la creencia del otro para que lo que ha vivido tome fuerza y valor… realidad. Quedan en el aire las preguntas por las diferencias entre la ciencia y la creencia religiosa en casos como este. Algo sumamente delicado, pero que se plantea desde el cómodo territorio de la ficción. Qué tal si… Sería posible que… Meras suposiciones, pero que apuntan en direcciones sumamente sensibles e importantes.

Un film de ficción que explora una de las grandes incógnitas del Universo, pero esto como escenario para plantear inquietantes preguntas con respecto al hacer humano. Del macrocosmos al microcosmos, un planteamiento genial que tiene los efectos especiales de los viajes estelares como escenografía. ¿Qué haríamos ante un descubrimiento así? ¿Optaríamos por seguir lo que creemos o lo que sabemos? ¿Es irreconciliable la relación entre estas dos dimensiones? Sin duda que se trata de una película que no tiene desperdicio para hacer patente la relatividad de las propias fronteras, a pesar de que regularmente nos esforcemos por hacerlas parecer como lo más solido jamás visto. Un gran tema tratado por un gran escritor y científico que pasa de manera más que aceptable a la gran pantalla.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

5 comentarios

  1. Leolux Dibujo e Ilustración   •  

    Leí el libro muchos años antes de que existiera la película, como buen lector de ciencia ficción.
    En él los extraterrestres nos dan una segunda oportunidad, gracias, sobretodo, a la música. Confían en que esas piezas musicales clásicas (Beethoven, Mozart,…) son propias de una especie con sentimientos, sensibilidad. Y creen que, a pesar de las guerras, conflictos, corrupción y demás, algún día conseguiremos elevar nuestro estado existencial y poder así formar parte de la Comunidad de Razas que cohabitan en la galaxia.
    Una idea sugerente e inovadora en la época en que se publicó el libro de Carl Sagan.
    Saludos!

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos! Sí, el libro es mucho más inclusivo. No es un único viajero y no se centra tanto en los Estados Unidos. Quizá la idea es que si existe vida en otros planetas y eso se comprueba científicamente, entonces se puede generar también una comunidad planetaria que borre las fronteras. Bastante interesante la apuesta, algo que en la película se diluye mucho. ¡Gracias por el comentario!

  2. Pingback: Baile del sol o la danza de las letras desde las islas

  3. ruben muñoz   •  

    Yo no he leído el libro (sé que debería), pero la película me pareció un poco baja para las expectativas que tenía. Tal vez la vuelva a revisar con otra perspectiva. Muy buen artículo!

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Rubén! Bueno, no es una obligación leer el libro 😛 Eso sí que cuenta una historia diferente por lo que ya te digo que enfatiza: lo absurdo que son las diferencias al interior de la humanidad en relación a una idea de comunidad planetaria que es contactada por otra comunidad planetaria. Vamos que cuando se habla de ser contactados por seres extraterrestres a nadie se le ocurre pensar en la nacionalidad de los mismos. Más o menos belicosos pero el imaginario tiende a plantear que en otro planeta eso de las fronteras y las naciones no aplica de la misma manera. Pero bueno, este tipo de cosas son las que en lo particular me llaman la atención porque detrás del guión está la obra de Sagan que logra colar ideas muy interesantes. ¡Gracias por pasar por este rincón!

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