Carta al amigo que está leyendo

Dos figuras fundamentales del pensamiento

Querido/a lector/a:

Un amigo intemporal tenía la sana costumbre de escribir cartas a quien estimaba. En ellas quedaba encerrado el aroma de su concepción de la vida, la forma en la que creía que debíamos comportarnos y lo esencial de un conocimiento que no puede disociarse de la experiencia vital. Buscaba enseñar a enfrentar el dolor a través de razonamientos sencillos, como aquel que muestra el sinsentido de la preocupación por la muerte. Es una cuestión de tiempos: cuando llega ya nos hemos ido y cuando todavía no está carece de sentido la angustia. Sabio como pocos nos decía que “ningún mal es grande si es el último”. Algo que apacigua el ánimo al poner un alto a la vorágine de los sentimientos.

Lo has adivinado verdad. Hablo de Séneca, el que nació en Córdoba y murió en Roma, aunque lo que importa es lo que nos dejó entre un momento y otro, los textos que le sustraen a los efectos del tiempo. Algo que nos hace recordar que lo contrario a la muerte no es la vida, sino el nacimiento. Hay una vida que se prolonga en ese acto de generosidad que es el legado, las obras. El nuevo enemigo es el olvido, pero de ese la humanidad se ha encargado bastante bien, ¿no crees? Bueno, pues el buen amigo Séneca tenía muy presente el valor de la amistad. Hay una predisposición natural a encontrar amigos entre los otros que nos acompañan en el viaje. El amigo no sólo es aquel que puede socorrernos en caso de necesidad (como podría pensar Epicuro), sino ese al que podemos tenderle la mano. Poner el acento en la generosidad, en el dar al otro y en la vocación de servicio es algo que se ve refrendado en el simple hecho de escribir una carta. Sí, en ella se ponía al servicio de otro a quien le aquejaba algún malestar. Era, por tanto, una forma de tenderle la mano.

Hay una vida que se prolonga en ese acto de generosidad que es el legado, las obras. - tuitéalo    

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¿Es deseable la amistad? ¡Por supuesto! No sólo porque el mundo tiene lapsos amnésicos y se sumerge en etapas de mezquindad y egoísmo que traicionan la esencia de la amistad, sino porque tú y yo sabemos que las mejores risas, las más gratificantes experiencias, son las que se comparten con alguien. Mira nada más qué sonrisa. Sí, es justo eso de lo que hablo. Aquí, casi sin querer, hemos terminado los dos pensando sobre la amistad y la cabeza se llena de rostros y aventuras que dan sentido a las palabras. Incluso el asceta se termina haciendo amigo de la Luna, el Sol y las hojas de los árboles. La codificación de los recuerdos, por tanto, está determinada, tocada por lo que compartimos en el andar de la vida. Pero cuidado con eso del deseo. Antes de Séneca se abrió una importante línea de pensamiento que ataba irremediablemente la carencia con el deseo: sólo se puede desear aquello de lo que se carece. Consumar el deseo, obtener aquello que éste marca como su objeto, es igual a la extinción de su flama. ¡Vaya condena!

Decía Woody Allen con ese ingenio que le caracteriza: “¡Qué feliz sería, si fuera feliz!…” No se puede ser más fiel a la perspectiva platónica o a lo que hoy conocemos como un rasgo del platonismo. Pero afortunadamente hay quien ha leído las cosas de manera distinta. Otra ética es posible y en ella se expresa una intención, un impulso por mantenerse en la vida de buena manera. ¡Me has descubierto de nuevo! He saltado en el tiempo para llegar hasta Spinoza, oriundo de Holanda. Asumiendo la primacía de este impulso o conato buscaba establecer la siguiente evidencia:

Nadie puede desear ser feliz, obrar bien y vivir bien, sin que al mismo tiempo desee ser, obrar y vivir, esto es, existir actualmente. Ética IV proposición 21

La búsqueda de algo supone ya el esfuerzo de mantenerse, de prepararse, de potenciar su existencia para encontrar o alcanzar lo deseado. Así, la consumación del deseo es un ejercicio de potencia impulsado por el conato que nos mantiene existiendo. La virtud, es decir, la fuerza, se demuestra entonces por esa capacidad de avanzar y seguir avanzando haciendo de la vida algo cada vez más rico y más grande. Sin duda una perspectiva más amable, ¿no te parece? Bueno, en todo caso creo que la generosidad de Séneca es un complemento necesario al conato de Spinoza. Vamos por el mundo con este impulso por mantenernos, pero con él abrimos también un sendero que otros, detrás de nuestro andar, podrán recorrer. ¡Nuestro propio sendero está lleno de manos que nos impulsan! Si no me crees mira los nombres que acompañan esta carta: Séneca, Epicuro, Platón, Allen, Spinoza… todos nos tiran cuerdas desde más allá del tiempo (bueno, menos Allen que sigue por aquí) para darnos pistas, para dar más impulso al impulso que nos constituye. Escribir una carta, un tratado, un diálogo o hacer una película, no importa, todos brindan su perspectiva no solamente desde una motivación egoísta, y aunque así se pretendiera henos aquí haciendo del egoísmo un banquete al que todos estamos invitados.

La virtud se demuestra por la capacidad de avanzar enriqueciendo y engrandeciendo la vida. - tuitéalo    

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Ese es el motivo de mi carta: compartir contigo la mesa y agradecer el milagro de tu presencia. Gracias por pasar por este rincón, gracias por los minutos que tus ojos le dan a mis letras. Has de saber que ellas son una forma de mi rostro. Detrás hay un código y detrás del código una máquina con un teclado sobre el que se posan unas manos, una piel, unos huesos y unas venas por las que corre la voluntad de saludarte y el deseo de que la vida te sonría. En otras palabras, te tiendo la mano, te agradezco y espero que a través del compartir encontremos juntos un camino que enriquezca la vida. Al final, para qué estamos aquí si no es para hacer nuevos y maravillosos amigos. ¡Salud!

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

2 comentarios

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