“Balón dividido”: Villoro, el fútbol y sus historias

Un interesante y divertido libro con historias del fútbol

Diógenes Laercio, historiador griego del siglo III d.C., es conocido gracias a un texto en el que recoge las vidas de los que califica como los “filósofos más ilustres”. En los diez tomos de los que consta su obra se encuentran frases, sentencias y muchas anécdotas de esos personajes que marcaron la historia de la filosofía. Algo muy interesante para hacerse una idea de la persona más allá de su profesión. Es decir, para que cobren vida esos pétreos bustos que normalmente representan al filósofo es necesario tener un poco de anécdotas, de chicha, como dicen por estas latitudes. Así que el trabajo de este Diógenes cobra importancia no por proponer algo novedoso, sino por recoger y poner en un horizonte humano la actividad de esos amantes de la sabiduría.

Valga esta pequeña introducción para decir que el libro de Juan Villoro hace una tarea similar a la de la obra de Diógenes. Ya me imagino que más de alguno me saltará directo a la yugular por decirlo, pero no sería descabellado agregar a Balón dividido un subtítulo como este: Vida y anécdotas de algunos de los futbolistas más ilustres. - tuitéalo     Eso podría ser una primera gran lección que habría que agradecer al texto: sí, hasta en el fútbol se puede hablar de lo ilustre. Siempre me ha resultado chocante esa postura fácil que discrimina lo que vale la pena y lo que no basándose en una supuesta elevación espiritual de una actividad. El fútbol, por supuesto, no cumple con los elevados estándares artísticos ni científicos para ser objeto de consideración por parte de la inteligencia. Nada más que pan y circo para un pueblo ignorante.

El fútbol es parte de la cultura como producto lúdico y pasional del hacer humano. - tuitéalo    

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Pero, visto con un poco más de seriedad, el argumento hace agua. ¿Sólo vale aquello que aporta algo al intelecto? No pretendo discutir aquí el asunto, pero no puedo dejar de señalar esta pregunta que, si recibe respuesta afirmativa, borra de un plumazo toda la dimensión pasional, lúdica y subjetiva de lo humano. Dimensiones de las que, por supuesto, también beben el arte y la ciencia. En fin. Estamos aquí para hablar de un escritor (y no cualquiera, por si alguien gusta valerse del argumento de autoridad) que nos regala unas hermosas líneas en las que rescata vidas y anécdotas de ilustres personajes vinculados al mundo del fútbol. Esto sin renunciar a un punto de vista crítico ante los efectos del mercado en el deporte, por lo que las anécdotas cobran una singular relevancia: muestran una esencia que ha quedado en segundo plano ante los destellos del dinero.

El autor y su afición por el deporte

Juan Villoro nace en México D.F. en 1956. Dice su libro que es novelista, cuentista, dramaturgo, ensayista, autor de libros para niños, cronista y articulista. Digo yo que es una gran tipo, un gran escritor y un extraordinario docente. A pesar de que durante un año estuvimos en el mismo recinto académico en Barcelona, no tuve la fortuna de conocerlo. Pero sí lo hicieron muy buenos amigos y amigas mías y sé que quien entra en un aula donde él es el profesor sale con una sonrisa y un profundo agradecimiento por lo aprendido. A quien sí tuve la fortuna de conocer fue a su padre, por lo que sé muy bien el lugar de donde ha heredado el gusto por el mundo de las letras y el sentido crítico de la realidad. Valga esto para recordar al gran Luis Villoro y su legado que, como se ve, va más allá de sus obras en papel.

Desde las gradas las miradas del filósofo, el escritor y el hincha se unen sin diluirse. - tuitéalo    

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Todo esto viene al caso por una razón: Juan Villoro nos cuenta las lecciones de ética que su padre daba cuando iban juntos al estadio. Pedía un trato digno para el rival, nada de injurias para el visitante al que hay que honrar aunque nos llene de goles el marcador. Algo que ilustra de perfecta manera que el fútbol puede verse desde muchas perspectivas y no solamente como un entretenimiento de masas que es piedra angular en las sempiternas teorías de la conspiración. En él, y alrededor de él, suceden historias humanas que incluyen la de un niño que va al estadio y ve a su padre, el filósofo, pedir lo inimaginable al colérico aficionado que ve cómo cae su equipo. Eso también es parte del deporte como actividad propia de nuestra especie y es una potente razón para justificar un buen libro. La afición a un deporte tiene sus cimientos en estas historias, el resto es un discurso que merece atención aparte.

Un estadio es un buen sitio para tener un padre. El resto del mundo es un buen sitio para tener un hijo. Juan Villoro

 Los reflejos de una sociedad

Desfilan por las páginas de Balón dividido personajes como Pelé, Maradona, Messi, Piqué, Guardiola, Hugo Sánchez, Ronaldo, Cristiano Ronaldo, Ronaldinho, Cruyff, Zidane… Sus historias nos sirven para darle otra dimensión a la actividad que realizan. Patear una pelota es algo que siempre está acompañado de sueños, ilusiones y mucho dinero. - tuitéalo     Los dos primeros elementos corresponden tanto a los del sujeto que patea como a los de los miles que le siguen y observan. El segundo sigue estando en el pateador pero se extiende más hacia quien tiene un interés económico, y no tanto pasional, en el resultado de esa simple acción que consiste en enviar el balón de un lugar a otro con los pies. Villoro no descuida ninguna de las dos perspectivas. Al mismo tiempo que elogia la maestría de un gol como el de Maradona, y nos cuenta la historia de quien tuvo en su garganta la responsabilidad de narrarlo, puede ver otras dimensiones de la vida que se reflejan en el fútbol:

La Liga española se ha convertido en la metáfora de un país en crisis: sólo dos o tres luchan por el triunfo y ocho o diez disputan por no descender. Juan Villoro

Es sensible, además, a esos jugadores que, a pesar de su eficacia en el campo, no responden a valores que enaltecen la actividad. Al hablar de Cristiano Ronaldo no deja de resaltar su capacidad atlética y los recorridos que pasan desapercibidos porque las cámaras de televisión no dejan de seguir al balón. Pero no por eso deja de señalar que el narcisismo del personaje que es CR7 traiciona los fundamentos de un deporte colectivo en esencia. Los grandes, nos dice, son aquellos que hacen que quienes comparten la cancha se hagan mejores. El portugués no celebra los goles en los que no participa, da la espalda al trabajo de equipo y eso le aleja de lo que los románticos llamarían el “espíritu del fútbol”.

El apodo de CR7 sugiere que estamos ante alguien ajeno a la condición humana: un cyborg o un arcángel, una criatura que se depila de modo diferente. Juan Villoro

En un mundo en el que las fronteras van y vienen, es decir, que cobran importancia a veces sí y otras no tanto, el arraigo y la fidelidad han mutado. La economía y sus crisis generan éxodos en busca de mejores horizontes. El futbolista, que corre contra el tiempo en una breve carrera, busca garantizar su bienestar económico a costa de un cambio constante de playera. El empresario del fútbol, el codicioso, se las ingenia para hacer de este tipo de migraciones operaciones altamente lucrativas. Quien pierde es el deporte porque, como bien marca el escritor, no se puede esperar una entrega a los colores sustentada en algo más que la identificación con la mano que otorga el salario. De ahí la poca congruencia, el cambio constante, el juego con los sentimientos de miles que construyen héroes que cambian de colores año con año. De nuevo, la postura de Villoro es una que invita a la reflexión sin renunciar a lo lúdico. - tuitéalo    

Villoro ofrece un retrato del fútbol que muestra lo que es, lo que fue y lo que podría ser. - tuitéalo    

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En resumen se trata de un libro que se disfruta y mucho. Hay en él una dosis de anécdotas de esas que encienden la curiosidad de cualquiera, el romanticismo de quien ve todavía una chispa de esperanza en el deporte y la mirada crítica que no cierra los ojos ante las evidentes fallas en la manera en la que es manejado. Todo a través de las figuras representativas: de los artistas del balón que tienen también sus respectivos villanos. Ya sea los que se encuentran en la cancha o los que aparecen en un episodio de la vida. Un retrato del fútbol que muestra lo que es sin renunciar a insinuar lo que fue y lo que podría ser. Si te gusta el fútbol lo agradecerás, si no te gusta podrías llevarte una sorpresa y, en general, puedes gozar de un poco de historia contemporánea que, aunque no se quiera aceptar, también se escribe en ámbitos como el deporte. Unas últimas palabras de Villoro para cerrar esta idea y este texto:

Una de las paradojas de la cultura de masas es que te entera en detalle de cosas que no te interesan. Juan Villoro

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

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