“Amor inmortal”, la misteriosa carta de amor de Beethoven

La película que nos cuenta la historia de Beethoven y la carta misteriosa

Aprovechando el viaje por el mundo de la música a través del cine, y haciendo un repaso por los actores que más me gustan en la pantalla grande, vamos a recordar esta película que nos acerca a la vida del Ludwig Van Beethoven: Amor inmortal. La trama se arma a partir de una famosa carta del compositor dedicada precisamente a su “amor inmortal”. Un amor sin rostro que invita a la imaginación a generar miles de historias para poner nombre a quien inspirara al genio alemán. Una de esas está precisamente en esta película donde las amantes de Beethoven se encargan de mostrarnos pasajes de su vida: historia pasional de un personaje rodeado por el misterio.

Nuestra humana tendencia a endiosar a aquellos que han marcado la historia de la humanidad nos dificulta recordar el lado humano de los personajes. Por más grandes que sean los ecos de sus acciones siguen siendo seres con miedos y angustias, deseos y pasiones. Beethoven, por supuesto, no es la excepción. Un tipo malhumorado, demasiado seguro de su propio talento y con una historia familiar de esas que nos recuerdan que el genio florece en la más profunda de las adversidades. Pero el gran misterio, el aura mágica del músico, está en su lucha con la enfermedad: la sordera. Nadie creería que desde la sordera se podría renovar la música. - tuitéalo     Pero visto desde el interior del personaje la angustia debe ser atroz. Perder el sentido más preciado para realizar aquello a lo que te sientes destinado, verte privado del instrumento que sabes que te llevará a la gloria. Por eso el trabajo del actor para pintar al genio y al hombre es sumamente complicado. Todo el mérito para el gran Gary Oldman consiguiendo un retrato sumamente completo.

El amor inmortal se forja en el silencio

El punto de partida de la película, entonces, está en un papel escrito por el compositor nacido en Bonn en 1770. Hay dos tipos de escritura que se entrelazan para contarnos la historia: la de la carta para su amor inmortal y la de las partituras que hablan con el lenguaje de la música de los pasajes de su vida. El compositor tiene la capacidad de ponerte en el estado mental en el que se encontraba cuando estaba dando forma a las notas, nos dice el personaje de Beethoven. La música, entonces, podría hacernos reconocer también cuando se dirige a ese amor inmortal y misterioso que se esconde poniéndose justo ante nuestros ojos. Una trama que se fundamenta en un impulso infantil: el niño quiere destruir lo que no puede poseer. El genio, que mucho tiene de infante, desata su furia porque el amor que tiene le corroe las entrañas al no poder ser entregado a su legítima dueña.

La carta dirigida al amor inmortal es el leitmotiv de la película. - tuitéalo    

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El amor inmortal está condenado al silencio. - tuitéalo     La música de Beethoven puede ser vista como esa lucha contra el silencio que le rodea, un grito desde la prisión que el cuerpo le va imponiendo. Su amor es un secreto, un elemento resguardado en la ausencia de un medio expresivo. Por eso se vuelve tan potente, por eso es un motor incansable para la actividad. Su lucha por liberarse y el esfuerzo del compositor por contenerle están expresados compás a compás. Las líneas de la partitura son la auténtica exteriorización de un drama interno, una potente voz que no puede escucharse a sí misma. Sí, potencia e impotencia conviven, los dualismos y las contradicciones acompañan al maestro en cada paso que da. La dulzura de un padre convive con la crueldad del mentor, la dureza de aquel que tuvo que hacerse cargo de sus hermanos coexiste con la demanda de amor que se le ha negado desde que padre le golpeara por no cumplir con un sueño ajeno.

Poco a poco el maltrato va cobrando factura. El silencio se impone en el oído de Beethoven, pero la música ha quedado ya tatuada en lo más profundo de su alma. Está hasta tal punto incrustada que sólo es cuestión de tiempo antes de que encuentre la manera de salir, de convertirse en la voz de ese amor inmortal que se forja en el silencio. Y es que la música bien podría ser el rostro de la destinataria de la carta: es a ella a quien le ha dedicado todo, es en sus brazos donde el genio ha ido creciendo. Los dictados musicales emanan del interior mismo de Beethoven, no hay sino emoción traducida en lenguaje musical. La música que nos embelesa es portadora de la forma armónica de la vida misma. - tuitéalo    

Los discursos del alma y la disolución del individuo

Hay dos secuencias que me parecen simplemente magníficas. Auténtica síntesis de lo que puede ser la vida de un sujeto creativo que es capaz de redefinir las fronteras de su arte y su tiempo. Las dos se dan rumbo al final de la película y hacen un cierre magnífico a una historia que hasta ese momento iba hábilmente de la biografía a la novela histórica. En primer término tenemos el estreno de la Novena Sinfonía Beethoven aparece en el escenario, sumergido en su propio mundo e incapaz de escuchar la ejecución de su obra. Al menos eso creemos, porque el alma es el primer reproductor musical que tenemos. Todas las melodías están contenidas en ella y brotan al menor estímulo. Por eso el silencio es tan sencillo de ahuyentar: basta con poner atención al interior para comenzar a sentir que la música impregna el ambiente. Los discursos del alma van desde el ritmo básico del corazón hasta las sinfonías enteras y complejas de nuestros recuerdos.

En el alma caben todas las melodías que han de acompañarnos a lo largo de la vida. - tuitéalo    

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Tenemos entonces al gran maestro de pie ante la orquesta. Somos testigos entonces de los recuerdos de la infancia que concluyen con una escena brutal: el joven Beethoven escapa del padre para terminar flotando sobre un lago donde se refleja el firmamento. Poco a poco el sujeto queda reducido a un punto más de luz mientras el punto culminante de la sinfonía se alcanza. Microcosmos y macrocosmos se mueven al ritmo de la música hasta terminar fundiéndose en un aplauso que el maestro no puede escuchar. Un momento luminoso donde todos los recursos del cine participan para regalarnos una bella síntesis del sujeto creador que ha pasado lo suyo para llegar a esa cumbre de su propia obra. Mientras tanto, entre el público, el rostro del amor inmortal contempla la catarsis y logra encontrar el espacio para la reconciliación. Esto nos lleva a la segunda de las escenas que cierran el ciclo; el humano en este caso.

Un moribundo Beethoven recibe una visita que, lo intuyen ambos, será la última. Él escribe algo sobre un papel, ella contesta escribiendo. Así tiene que ser… Mientras el artista muestra una sonrisa y sus ojos vuelven a brillar gracias a la presencia de su amor, nos damos cuenta de lo superfluo de las palabras. Todo se vuelve accesorio ante un intento de caricia que lo dice todo: la comedia ha terminado. Momento sumamente conmovedor con una altísima nota de interpretación por parte de Oldman. No puedo decir más porque no quiero arruinarle el momento a quien no ha visto la película. Pero debo decir que aquí se cierra el ciclo del hombre para dar inicio al de ser inmortal, el que se recrea en su propia obra y da pie a este tipo de historias. Este es el sentido del amor inmortal: es en la entrega a él en donde se encuentra la fuente de la vida eterna, donde las fronteras de la propia existencia pueden extenderse más allá de la finitud del cuerpo. La inmortalidad está en el amor que arde aún cuando el corazón ha dejado de latir. - tuitéalo     Pero Beethoven lo cuenta mejor con ese otro discurso del alma que es la música.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

5 comentarios

  1. jony   •  

    Hola Carlos!
    Cada díaaprendo algo nuevo. no sabía mucho sobre la vida de Beethoven y menos su carácter antipático. Como bien dice tu blog, es cultura 🙂 .
    La música es una de las mejores expresiones emocionales de una persona. Es donde su sensibilizar fluctúa en toda su esplendor, dejando de lado los miedos y egos que se van adoptando a lo largo de la vida de una persona.
    Si algo hay claro en todo esto, es que este gran músico, su mejor forma de expresarse era con la música 🙂
    Un abrazo!

    • Carlos Girón   •  

      ¡Saludos Jony! Esto hay que agradecerlo a la película que es la que lo dice mucho mejor que yo. Sobre todo, como bien dices, a la música de ese genio que logró revolucionar su arte con todo y su carencia de oído. Un verdadero prodigio que nos hace preguntarnos por la importancia real de los sentidos físicos. Algo sumamente interesante cuando tratamos del arte y de la apreciación de la belleza. Por aquí seguiremos explorando el tema. ¡Un abrazo!

  2. Carlos Girón   •  

    ¡Saludos Soledad! Que me había quedado tu mensaje en una carpeta rara. Sin duda Oldman es fantástico. Película en la que aparece película que voy a ver, incluso la que voy a comentar por aquí la próxima semana 😛 Pero no adelanto más jeje. ¡Muchas gracias por tu comentario! ¡Un abrazo!

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