#Follamantes, la poesía de Carlos Salem sin etiquetas

#Follamantes es un libro de poesía poco ortodoxa de Carlos Salem

La etiqueta, lo sabemos bien por aquí, es una forma de orientarnos en la red, un conglomerado de sentidos con los que nos disponemos a navegar por los mares tempestuosos de la producción virtual. Hoja de ruta, brújula, rosa de los vientos o simplemente el típico gallito que gira en el tejado de las casas en las películas. El punto es que la etiqueta apunta hacia alguna parte y ese apuntar nos dice algo, nos orienta. Aquí la etiqueta pasa a ser título: #Follamantes. El autor, además, no firma con su nombre (¿quién es el anticuado al que le importan los nombres?) sino con su usuario de Twitter: @carlossalem. ¿Qué ofrece? Nada, lo de todos los días: una forma peculiar de poesía para que el mundo sea más amable o follamante.

Presentación de rigor que ni es el resultado de una autopsia ni un gesto presuntuoso de virilidad. Carlos Salem es un periodista nacido en Argentina pero residente en España. Nada nuevo bajo el Sol en estos días donde los países son más bien un par de letras alternativas al .com de toda la vida. Lo que llama la atención es que la gran Wikipedia distinga entre su ser escritor, poeta y periodista. Está claro que entre la poesía y el periodismo puede haber importantes distancias en las formas, pero lo que no me queda claro es cómo se distinguen ambas del ser escritor. ¿Crees que me entretengo en minucias del lenguaje? Pues tienes toda la razón, pero las palabras son una materia prima común que no hay que despreciar dependiendo del oficio. Pero bueno, lo que quiero decirte es que lo que de verdad hace Carlos Salem es escribir y punto.

#Follamantes para retuitear por favor

Tengo entre mis manos este librito que se clasifica en la zona de poesía de las librerías. Es pequeño, de portada amarilla y con el diseño de una pluma de donde nacen aves cada vez un poco más abstractas. Tiene 130 paginitas y la edición está a cargo de Alsari. Tiene tres partes: la primera, la segunda y la tercera. Una habla de un reporte de un tal agente Cero à la Gauche que es un espía destinado a etiquetar a una pareja que parece adicta a saltarse las normas de un mundo donde follamar está prohibido, otra contiene las notas de un aprendiza de follamante y una más comparte 140 tuits de la cuenta del autor. Y ya está, lo puedes acompañar con unas gafas de lectura y unas galletas.

#Follamantes habla del follamar de todos los días en un mundo donde no es cosa de todos los días. - tuitéalo    

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Debo confesarte que tengo un dilema: la historia de #Follamantes (porque se cuenta una historia aunque sea poesía en prosabrosa) te tiene pegado a sus páginas y con ganas de salir corriendo a buscar a quien tenga la amabilidad de dejarse follamar por ahí. Sí, por ahí. Esto quiere decir, también, que te dan muchas ganas de compartir el libro, como si se tratara de hacer retuit: mira te dejo este libro, te lo retuiteo. Esto diría yo esperando que al libro le pasara lo que a los panes y se multiplicara cayendo en las manos de cada uno de mis seguidores. Pero cuando lo terminé me topé con una indicación que me puso el freno de mano:

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida en ninguna de sus partes, por ningún medio inventado o por inventarse sin permiso previo del autor.

Soy un desobediente, lo sé. Nada más ponerte esto por aquí ya estoy reproduciendo una parte de la publicación y me temo que no tengo el permiso del autor. Pero es que la historia, la de #Follamantes, invita tanto a transgredir las normas que no me he podido contener. Eso sí, será lo único que reproduzca de la publicación a pesar de que considere que una invitación tan abierta a la alegre reproducción del placer y al libre vuelo de las cosas no pueda cerrar con esta especie de epitafio que es un auténtico mata pasiones. Es como la llamada erótica inoportunamente interrumpida que nos cuenta Fernando Delgadillo. ¡Maldito cordón del teléfono! Por fortuna ahora todo es inalámbrico, o al menos casi todo en el ámbito de la tecnología.

La transmutación de los géneros

Entonces vamos a ver, qué es lo que sí puedo contarte sin violar este compromiso adquirido al comprar el libro. Hay erotismo, bastante erotismo. Sí, eso, puedo soltar frases como si estuviera viendo a través de una rendija, espiando a la pareja de #Follamantes haciendo lo que saben hacer: volar, gemir, volver a volar y volver a gemir. Creo que también hay un intento de humorismo, bueno, más que un intento. Veo algo de ironía con respecto al mundo que cree que el amor se hace al pie de la letra y no al pie de la cama. Sí, eso, follamar es ir de la carne al vuelo y no al revés. - tuitéalo     ¿Te dije ya que lo que leemos es el reporte de un espía? Bueno, es que con estar mirando a este par es difícil concentrarse.

Follamar es recordar que el amor se hace al pie de la cama y no al pie de la letra. - tuitéalo    

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Entonces lo que sucede es que hay que reinventar la palabra, ejecutar una operación que nos permite saber qué es eso que se hace para reconocerlo. Aunque mira que los follamantes se ríen de los nombres. Las palabras son lo que menos importa. Esa es una linda paradoja: informe, etiqueta y por el medio sudor, mucho sudor porque sin la actividad el discurso se nos queda cojo. Para que haya follamantes hay que follamar. - tuitéalo     Una verdad como un templo. Por eso es que nada más soltar unas cuantas palabras dan ganas de lanzar este artefacto por los aires y correr…

Un tuit bien puede ser la actualización de un género como el aforismo. - tuitéalo    

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Te diré lo que viene después: una serie de tuits que tampoco puedes reproducir. Ya sé que eso de robar mensajitos de 140 caracteres pasa todos los días y a todas horas, pero en este caso es diferente: ya están en papel. Claro que me queda la duda de si el permiso de reproducción hay que pedirlo al autor o si hay algo en los documentos de la plataforma original que ata el contenido a su jaula: ¿la pajarera permite que el canto de sus aves vaya a otros formatos así sin más? Bueno, lo cierto es que el tuit se presenta aquí como una actualización del aforismo. Los géneros se transmutan, las modas vuelven y las historias se han contado en formatos breves desde hace mucho tiempo.

Yo también quiero, yo también quiero

Con los follamantes el lenguaje implosiona, las palabras saltan por los aires como las ropas y los cuerpos. Eso sí, todo está muy bien calculado y medido. El azar es otra etiqueta para lo que no comprendemos. - tuitéalo     Se nota el trabajo artesanal con el lenguaje al que hay que conocer muy bien para poder pervertirlo, para darle la vuelta y coger del rabo a las palabras, como dice Octavio Paz. Cuando se logra acontece la poesía, que no es sino la capacidad de traer al algo al ser, producir y reproducir.

Los follamantes le devuelven su discurso natural al amor que también follama. - tuitéalo    

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La poesía de #Follamantes está precisamente en eso: devolverle el ser a lo que a veces cae en el silencio. Lo hace de manera irreverente y eso gusta. Muestra, además, la actualidad de viejos géneros, un auténtico retorno de lo reprimido. Un libro, en suma, que no tiene desperdicio. Para más detalles mejor te invito a… un café. ¿Pensabas que iba a decir a follamar? Nada, si ya voy por la tercera vuelta del libro y creo que todavía no he empezado.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

  • Bolboreta Papallona

    Después de leer este artículo, no me queda más remedio que aceptar esa invitación… a café. Y ya de paso, me prestas el libro, aunque no sé si estará permitido, por lo de “todos los derechos reservados”…

    Ya imaginabas que me gustaría… Seguro que me gustará, pero me gusta más follamar (no te voy a decir con quien)

    • El suspenso, la duda, la intriga… elementos esenciales de la seducción. Sin duda el libro será una flor con un suave néctar para esta mariposa. Mientras tanto tomamos café y hablamos de cosas que tienen a los follamantes como presencia etérea. ¡Abrazo lepidóptero!

  • ¿Se podría hablar de la erótica de la red? ¿Una pareja en el clímax solo emite hashtags? ¿Tuits aforísticos? ¿La # del hashtag es para que descanse la palabra? …

    No he leído el libro… pero, ¿a qué lo parece? 🙂

    • Si es que el ratón es todo un experto de lo erotuito. Al final estamos hablando de íntimas conversaciones cuerpo a cuerpo, unas que se dan en un silencio invadido por los símbolos más guturales. A veces Twitter es igual. ¡Abrazo roedor!

  • En el arte del follamar no caben las etiquetas, en todo caso pronombres, como muy bien decía Pedro Salinas.

    Yo también acepto la invitación a… ¡café! 😉

    • Justo en la línea de lo que dice Carlos Salem, sin duda. También en la línea horizontal (más o menos sinuosa) en la que los follamantes vuelan y masquieren. Ay, me estoy pasando con eso de compartir conceptos poéticos del libro. Mejor lo dejamos para el café. 😉 ¡Un abrazo!

  • Yo sigo a Carlos salem y alucino con los tweets así que el libro me imagino será espectacular…..