Epicteto: un antiguo remedio para los problemas de autoestima

Epicteto y su actualidad en un mundo que busca la felicidad

Epicteto es reconocido como filósofo de la escuela estoica. Cuando se habla de esa gran Grecia antigua no hay que olvidar que en ella el ocio era fundamental para que los grandes pensadores que conocemos pudieran realizar precisamente eso: pensar. Para conseguirlo era fundamental el papel de los esclavos. Epicteto era uno de ellos. De aquí el gran mérito de una figura que influyó en personajes como Marco Aurelio y que hoy parece gozar de una impresionante actualidad. Ya en su tiempo gozó de una fama que, dicen, superaba incluso a la de Platón. De su pensamiento conservamos solamente algunas enseñanzas dedicadas a la ética.

Como Sócrates, Epicteto no escribió nada. Tanto lo que encontramos en sus Discursos como en su Manual o Enchiridion lo debemos a la labor de sus alumnos, particularmente a Flavio Arriano. Su llamado a conducir la vida conforme a la razón está en la línea del pensamiento estoico, pero al recuperarlo en nuestros días sorprende su innegable actualidad. Me atrevería a decir que no hay libro del género denominado como de autoayuda que no le deba algo a este sabio de la antigüedad, aunque los autores no lo sepan. ¿Podría ser que toda una industria montada sobre el cuidado de la autoestima estuviera ya resumida en unos cuantos preceptos de los estoicos?

Epicteto, Epicteto, ¿dónde estás que no te veo?

Nada mejor para mostrar el poder de la simplicidad que el mostrar la actualidad de una frase dicha entre los ya lejanos años 55 y 135 de nuestra era. “Acepta los acontecimientos tal como ocurren”. Así, nada más. Epicteto llama a un acuerdo con la realidad, a no anteponer el cómo se desea que ocurran las cosas sino a aceptarlas tal y como se nos presentan para poder encontrar un camino más apacible. En otra palabras, si nos topamos con un muro no importa cuántos golpes le demos, el muro seguirá necio en su dureza y consistencia. Mejor aceptarlo tal y como es antes de terminar rompiendo hasta el último hueso de nuestras pobres manos.

Acepta los acontecimientos tal como ocurren. Epicteto - tuitéalo    

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La sorprendente simplicidad de una frase como esa genera un corto circuito en nuestra casi natural tendencia a la fabulación. Siempre hay una razón, siempre hay algo que se antepone al texto de la realidad, es decir, un pretexto. Estamos acostumbrados a elaborar una historia antes de poner un pie en los peldaños de la vida. De ahí la radicalidad del llamado del filósofo: acepta las cosas tal y como son. Será más sencillo situarse en el mundo si no ponemos cosas de más en él que ya es lo suficientemente complejo. Simple, pero una vez que la idea comienza a echar raíces nos invade una sensación de tranquilidad casi mágica.

La interpretación del mundo y la felicidad

Pero más impresionante todavía es lo siguiente: “Los acontecimientos no nos hacen daño, pero nuestra visión de los mismos nos lo puede hacer”. No es el acontecimiento en sí el que genera un problema, sino la reacción que tenemos ante él. Se trata, en suma, de tener presente la interpretación que hacemos de las cosas porque, al final del día, es la única cosa que cae dentro de la cesta de las cosas que tenemos bajo nuestro control. ¿Puedes controlar todo lo que pasa en el mundo? La respuesta es evidente. ¿Qué sí puedes hacer entonces? Trabajar con el sentido que das a lo que pasa, profundizar en tu propia y singular interpretación del mundo.

Tu voluntad está siempre bajo tu poder. Epicteto - tuitéalo    

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Examinando nuestro modelo de mundo podemos llegar a preguntarnos por las ideas que lo sostienen. Epicteto nos invitaría preguntarnos por esos conceptos que nos sirven de gafas para leer los acontecimientos: ¿Son realmente ciertos? ¿Qué bien te hacen? ¿A dónde te llevan? ¿Te hacen más feliz? Seguramente este tipo de planteamiento lo habrás encontrado en más de un libro de esos que pretenden marcar el camino para ser una mejor persona, para salir de la depresión, para mejorar tu autoestima. El primer paso es sencillo: ¡hay que hacerse responsable del propio pensamiento!

El filósofo de cabecera

Vivimos en un tiempo saturado de estímulos y llamados a la acción. Compra esto, aprende aquello, entérate de esto otro, comunica ahora, ahora, ahora. Un auténtico imperio del deseo nos rodea y nos llena de imperativos que, como bien sabía Epicteto, demandan una satisfacción: “El deseo reclama ser satisfecho”. Cuidado con lo que deseas, pero no solamente porque puede verse cumplido, sino porque te habrás puesto una cadena que tira sin tregua llevándote hacia su satisfacción. “Todo tiene un precio”, dice de nuevo el sabio. ¿Estás dispuesto a pagar el precio de tu deseo?

El filósofo de cabecera puede ayudarnos a aclarar nuestra interpretación del mundo - tuitéalo    

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Realidad, verdad, voluntad, interpretación del mundo, deseo… Los conceptos van cayendo sobre la mesa sin compasión alguna. Nuestra paradoja fundamental: en nuestro tiempo no hay tiempo para pensar en ellos. De ahí la pertinencia de recuperar la figura del filósofo como aquel al que se le puede escuchar reflexionando sobre este tipo de elementos. El filósofo de cabecera como aquella figura con quien se puede entablar un diálogo para esclarecer nuestros propios conceptos y encontrar un poco de sosiego en una vida de vértigo. Enfoques como el de Mónica Cavallé y el acompañamiento filosófico resultan sumamente relevantes.

A consulta con el filósofo

La tan mentada autoestima no es sino un elemento más de nuestra interpretación del mundo. Se trata de ese punto en el que nosotros somos personajes del gran teatro del mundo y entonces comenzamos a comentar nuestra propia actuación. A veces el personaje no nos convence, algo no parece ir del todo bien en la historia o quizá los diálogos no son afortunados. Otras tantas nos emocionamos hasta las lágrimas, nos identificamos plenamente y acompañamos paso a paso lo que sucede en escena. Ir a consulta con el filósofo es invitar a alguien más a ser parte del público, a sentarse a nuestro lado y contemplar ese personaje que somos para comentarlo un poco.

La consulta con el filósofo nos lleva a nuevas formas de apreciarnos.  - tuitéalo    

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El filósofo, en efecto, pone a nuestra disposición a Epicteto y todos los que le han seguido. Nos aporta referencias para ver mejor lo que está pasando en escena. Nos ayuda a acercarnos más a cumplir esa máxima: “Saber lo que puedes controlar y lo que no”. Es un viaje, una aventura filosófica, como diría mi maestro Trías. Una que nos lleva hacia un espacio-luz donde podemos ver(nos) con mayor claridad la verdad de las cosas y de cada cosa. Así puede encontrarse un mejor lugar para apreciar y apreciarse. Así podemos darnos la oportunidad de descubrir cosas más allá de nuestra más inmediata interpretación del mundo. Si te animas a una consulta con el filósofo ponte en contacto conmigo aquí. Será un gusto acompañarte en la aventura.

Carlos Girón

Eterno aprendiz de brujo. Compartiendo en este labloginto las inquietudes de un cuerpo que se cree espíritu y un espíritu que se pierde entre los pliegues de un cuerpo.

  • Si enfocas la consulta desde la mayéutica, será más efectiva. Muchas veces, no tenemos problemas; sino que hacemos mal las preguntas.

    • Mi querido ratón, la mayéutica es una de las herramientas del acompañamiento filosófico. Aprender a hacerse preguntas con la mirada hacia la vida interna es algo fundamental y que no tiene un espacio propio para ser enseñado. Así que el método socrático está en el corazón mismo del proyecto. ¡Abrazo roedor!